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Reseña de La Mano de Dios de Paolo Sorrentino por Ángel Peña

“Por mí se va a la ciudad doliente, por mí se ingresa en el dolor eterno, por mí se va con la perdida gente.”
Dante Alighieri

Cuando uno piensa en Italia lo que viene a la mente el mozzarella, prosciutto, aceite de oliva, chianti, la capilla sixtina, pintores renacentistas, La Scala, Verdi, Vivaldi, ruinas imperiales y sprezzatura. pero cuando uno piensa cine Italiano, hasta el más fariseo entre nosotros va a reconocer un nombre por encima de todos los demas, Federico Felini. No ha habido otro director, quizás Hitchcock o Kubrick, que han influenciado más al cine y a los cineastas modernos. Pero, si hay que escoger un delfino del director italiano, quizás sea Paolo Sorrentino.


Sorrentino se volvió una super estrella del cine del arte cuando La Grande Belleza fue premiada como mejor película extranjera en los Oscar, y desde ese momento ha hecho varias películas con ese ojo para el absurdo y lo personal que lo separa de la mayoría de otros cineastas italianos.


Sorrentino comparte mucho con Fellini, su capacidad de encontrar magia en lo cotidiano, su incisiva crítica al absurdismo burgués, y por encima de todo, su amor por las mujeres. Su nueva película, “La mano de Dios” mantiene estos mismos gustos ya curados, pero de una manera más personal y como una historia de crecimiento.


El filme rodea al lado de nuestro personaje principal, Fabieto (basado en la adolescencia de Sorrentino) y su familia carismática mientras esperan con ansias saber si a “el 10” lo van a transferir al Napoli. Fabietto tiene que madurar rápidamente después de una tragedia familiar y encontrarse a sí mismo en ese dolor y madurar como persona.


La película está situada en esa escena literaria del bildungsroman, de un joven en descubrimiento, a la Candide de Voltaire o Retrato de un Artista Adolescente de Joyce. El título se refiere a ese infame evento cuando Maradona, con la izquierda, anota un gol contra Inglaterra (en la película uno de los personajes dice que es un acto político contra la invasión de las Maldivas, a mi me gusta creer lo mismo). El filme está lleno de esos actos físicos que son propios de Sorrentino. La primera escena es de una mujer voluptuosa que conoce a San Gennaro y la lleva a un templo para que conozca a un monje de baja estatura que dice poder curarla de su infertilidad. Otros personajes, o episodios, de este calibre son como el de la matrona de una familia que le gusta maldecir, vestirse en pieles y comer bolas de mozzarella, o cuando en un sitio abandonado hay un jeque millonario caminando con una mujer hermosa.


Aunque la última descripción no lo diga, Sorrentino se aleja un poco de los elementos más surrealistas de sus obras previas y se concentra más en momentos mágicos realistas. Hace esto porque la película es una historia personal y, quizás, si se enfoca mucho en ese surrealismo, el poder emocional de la película se perdería. También lo hace para mostrar el principio de su camino como director, todavía no como creador sino como observador.


La cámara también resalta esto. Si, es verdad que a Sorrentino le gusta mover su cámara bastante a la Bertolucci, pero también hay momentos estáticos donde le hace reverencia a esos instantes casi religiosos, la vista de Napoli, la arquitectura antigua, el mar. Estos momentos son de carácter sacrosanto, y reflejan ese elemento catolico secular que siempre ha perseguido a Sorrentino, de lo santo a lo profano.


Sorrentino nunca se aleja de la humanidad de sus personajes, no importa lo fársico que sean, desde un contrabandistas que patea a un turista con sus sandalias hasta la tía Patrizia (Dios mio, la tía Patrizia)siempre se siente vivos porque están de una manera o otra rotos, llenos de dolor, de melancolía y de tristeza. El diálogo salta entre comedia y poesía de una manera imperceptible, y esa comedia le da mas golpe a la poesía que viene, esos momentos absurdos son utilizados para demostrar una humanidad inherente.


Quizás La Mano de Dios es más I Vitelloni que 8 1/2 , sin embargo es otro gran logro de un director que no necesita halagos, y si uno quiere conseguir a Dios, no vaya a la iglesia un domingo, vea una película de Paolo Sorrentino .

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